“La abuela Sofia”: La historia de un reencuentro.

30.10.2020

Conversamos con Andrés Serebrenik, director de la serie documental realizada con un dispositivo celular, que cuenta la historia de un reencuentro entre un nieto y su abuela.

¿Cómo surgió la idea de hacer la serie La abuela Sofía?

La idea de la serie comenzó como un juego. Fue algo que descubrí a lo largo del proceso que compartí con mi Abuela. Me volví a acercar a ella después de un largo tiempo de estar más alejado. La manera que encontramos para volver a sentirnos unidos fue la música y el juego, y especialmente la idea de jugar a que teníamos nuestra propia serie de televisión. Sentía que era algo que a mi Abuela la llenaba de alegría y de vida y me daba la sensación que mientras podamos seguir encontrándonos a hacer nuestra serie, mi Abuela iba a seguir conmigo mucho tiempo más. Así descubrí la idea de la serie, o quizás fue la serie la que descubrió que en el reencuentro de un nieto con su Abuela hay una hermosa historia para contar y compartir.

¿Cómo fue el proceso de producción? ¿Cómo es trabajar con teléfonos celulares?

El eje de la serie es sobre el vínculo con mi abuela Sofía, pero además muestra el proceso personal que cada uno fue haciendo y sumado a eso, lo que este movimiento genero en el resto de la familia y personas cercanas a mi Abuela. La serie es un registro de un momento de nuestras vidas y el resultado es el modo en que con absoluta honestidad hemos logrado contarlo en tiempo y forma.

El tiempo de grabación varias veces se vio lo que llevo a que el tiempo de registro se extendiese dos años y medio. Por otra parte el proyecto hasta casi el final, nunca contó con un equipo de realización, por lo que siempre dependía de la posibilidad y ganas de las señoras que cuidaban de mi Abuela para que puedan hacer de camarógrafas, o de la disponibilidad de algún familiar.

Del mismo modo técnicamente la serie solo se realizó con la cámara de mi Celular, no se hizo ni con cámaras, ni luces, ni con equipos de sonido, todo está realizado desde mi dispositivo móvil. Durante un tiempo cuando conversaba sobre el proyecto con directores y productores, siempre me recomendaban que consiga un equipo de filmación y de sonido de mayor calidad, pero siempre sentí que manejarme simplemente con un teléfono ayudaba a no invadir a mi Abuela y me permitía desde la producción moverme con más libertad. Mismo en el proceso de postproducción donde por momentos se buscó mejorar la calidad técnica, siempre sostuve que todo se podía arreglar sin que se pierda la simpleza de lo que propone la serie.

¿Cómo fue el trabajo con UN3?

A fines del 2018 empezamos a pensar en la posibilidad de que la serie sea parte de su plataforma. En ese momento mi abuela había fallecido hace un año y yo en todo ese tiempo no había podido volver a ver nada del material. Solo sabía que tenía muchísimos videos registrados durante casi tres años y la promesa que le había hecho a mi abuela de que nosotros íbamos a tener una serie de verdad.

Un3 me dio la oportunidad y el espacio de que se transforme en una serie ayudándome con el soporte técnico para poder editarla y hacer la postproducción. También me obligó a sentarme y ver muchas veces todo el material para poder pensar y encontrar la manera de contar esta historia. Siempre me sorprendió que cuando les mandaba un capítulo editado había mucha aceptación a lo que estaba armando y eso me hizo atravesar ese proceso de edición con mucha alegría y seguridad.





¿De dónde surgió la elección de las temáticas para trabajar en cada capítulo? ¿Imaginaste la repercusión que tuvo?

Las temáticas de los capítulos, sin saberlo, siempre surgieron de los encuentros con mi abuela, pero yo nunca lleve una propuesta para imponerle. Siempre intentaba escuchar qué necesitaba mi Abuela, aunque a veces no lo lograba y eso también está contado en la serie.

La temática final de los capítulos se definió en la instancia previa a la edición, en el momento en que UN3 me pidió saber de qué se trataban o qué es lo que quería contar. Yo lo tenía todo en la cabeza porque el material era sobre momentos compartidos con mi Abuela, por lo que debía bajarlo a un papel y ver qué de eso era posible. Lo primero que decidí fue no alterar el orden del material, quería que sea cronológico, porque al tratarse de una historia real, mantener el tiempo en que transcurrieron las cosas podía ayudar a transmitir nuestra transformación.

Por las publicaciones en redes sociales de los encuentros con mi abuela me sorprendió muchísimo las repercusiones que tenía en muchas personas de todo el mundo y la identificación de algo que nos atravesaba a todos: el vínculo con los abuelxs. Teniendo la certeza de que el material despertaba en otrxs la conciencia de la importancia de valorar a nuestros viejos, tenía la certeza que la serie podía ser muy transformadora.

¿Cómo fue trabajar con tu abuela?

El proceso de nuestros encuentros en donde hicimos la serie, fueron eso: encontrarnos desde el deseo a jugar y disfrutar estar juntos, por lo que nunca tuve la sensación de trabajar con mi Abuela. Creo que no haber perdido la esencia de que lo valioso era poder estar juntos y no el resultado de lo que hacíamos, nos permitió sostenerlo y que sea un material que alguien pueda verlo y sentir que hay algo más que querer contar una historia, algo que traspasa la pantalla por qué sucede de verdad.

Cuando se presentó la serie sucedió algo mágico y fue que me empezaron a llamar de muchos lugares para trabajar con adultos mayores, uno de esos lugares fue donde falleció mi Abuela, por lo que fue muy movilizante para mí, volver allí y continuar lo que tanto amaba hacer con ella.

¿Cual crees que es la importancia de un modelo diferente de representación de la Vejez en los medios audiovisuales?

Siento que el movimiento femenino y el empoderamiento de la mujer nos han enseñado estos últimos años lo importante de revisar, reflexionar y aprender de ciertos esquemas socioculturales que tenemos establecidos y no están nada bien. En ese sentido creo que la mirada que tenemos construida y que los medios construyen sobre la vejez debe cambiar. Vivimos en una sociedad donde el sinónimo de viejo es desechable, donde pensamos a las personas mayores como improductivas, sin derecho a seguir disfrutando de su vida, su sexualidad, sus relaciones. Sin derechos.

Un claro ejemplo es para mí el de Augusto Boal, teórico teatral e inventor del teatro del oprimido, que le pedía a sus especta-actores recrear con estatuas una imagen que represente al pensamiento colectivo y social sobre alguna temática que para ellos hable de alguna mirada oprimida de la sociedad. Algo que llamó la atención de Boal fue que en todos los países que trabajó sobre la Vejez el resultado era el mismo: los jóvenes representaban a viejos improductivos, contemplativos, esperando la muerte. Cuando les pedía que entren en contacto con los viejos y construyan la imagen ideal, todos se ponían en relación a ellos, dándoles de comer, bañándolos, ayudándolos a cruzar la calle. Todos actuaban como enfermeros, mientras los viejos seguían siendo tan improductivos e inútiles como antes.

Es necesario poder cambiar la construcción desde donde miramos la vejez, para darle otro lugar dentro de la sociedad, pensarla diferente, desde otros estímulos, generando nuevos espacios. Es necesario que cada uno revisemos desde donde entendemos y miramos la vejez, para acercarnos y acompañarla de una manera diferente. El empoderamiento de los viejos está más cerca.